

Contenido actualizado a 19-10-2026
El diagnóstico de cáncer de mama mediante termografía infrarroja es una aplicación controvertida que tiene sus pros y sus contras. Vamos a analizar lo que dice la evidencia actualizada.
El cáncer de mama es el tipo más común de cáncer en mujeres a nivel mundial, siendo clave un diagnóstico preciso para la aplicación de un tratamiento exitoso (Hashemi et al., 2019; Hand et al., 2021). Además, el cáncer de mama es la segunda o tercera neoplasia maligna más común en los países en desarrollo (Acharya et al., 2012), es el diagnóstico de cáncer más común en mujeres menores de 40 años y la segunda causa más común de muerte por cáncer en este grupo de edad (Daly et al., 2021).
“...el incremento mundial de casos de cáncer de mama hace cada vez más necesaria la utilización de intervenciones innovadoras... ”
Hand et al. 2021
Según las estimaciones actualizadas de GLOBOCAN 2022, se produjeron aproximadamente 2,3 millones de nuevos casos en mujeres, lo que representó cerca del 24% de todos los cánceres diagnosticados en mujeres (Bray, F. et al. 2024).
Existe una relación proporcional entre el crecimiento del tumor de cáncer de mama y su temperatura (Usuki H., 1990). De hecho, la termografía infrarroja comenzó a usarse en 1956 cuando Lawson descubrió que la temperatura de la piel de un área cancerosa en la mama era más alta que la de un tejido normal (Lawson R., 1956).
Debido a sus inicios prometedores (Connell Jr et al., 1966), la termografía comenzó a utilizarse de forma masiva como herramienta de diagnóstico durante los años 60 y 70. Sin embargo, entre los años 70 y 90 aparecieron diferentes estudios que describen un número significativo de falsos positivos (Williams et al., 1990; Moskowitz et al. 1976), lo cual puso en tela de juicio la capacidad de la termografía infrarroja como dispositivo de diagnóstico autónomo para el cáncer de mama. Esos estudios impactaron drásticamente en el uso de esta tecnología y en la cantidad de publicaciones científicas (Figura 1) y, lo que es más importante, inevitablemente influyeron en la reputación de la termografía infrarroja en el campo médico.
Sin embargo, con la inclusión de software automáticos y técnicas de machine learning la termografía se ha convertido en una herramienta auxiliar para apoyar el diagnóstico del cáncer de mama. De hecho, se ha demostrado como en el entorno clínico, la utilización de software de termografía automático permite mejorar la precisión y reducir el tiempo de análisis.
Durante los últimos años, la mejora de la resolución de las cámaras y la incorporación de algoritmos de aprendizaje automático han reactivado la investigación. No obstante, los resultados siguen dependiendo en gran medida del tipo de cámara, del protocolo térmico, de la población estudiada, del criterio de interpretación y del estándar de referencia utilizado.

Fuente: Wnuk-Scardaccione A et al. 2026.

Figura 1: Número de publicaciones sobre termografía hasta 2020 (Adaptado y mejorado de Sillero-Quintana et al. 2018)
“...la mamografía demuestra ser la técnica no invasiva más sensible para detectar tumores en etapa inicial, aunque existen otros métodos de detección de cáncer por imágenes sin radiación como la termografía, diafanografía (escaneo de luz), ecografía de mama completa y resonancia magnética (MRI)..."
Hashemi y col. 2019.
La revisión sistemática y metaanálisis de Goñi-Arana y colaboradores, publicada en Systematic Reviews en 2024, incluyó 22 estudios clínicos publicados entre 2001 y 2023. La sensibilidad agrupada fue del 88,5% y la especificidad del 71,8%, pero la heterogeneidad fue muy alta: 79,3% para sensibilidad y 99,1% para especificidad.
Esto significa que los resultados no son directamente comparables entre estudios ni extrapolables de forma fiable a todos los entornos clínicos. Una sensibilidad alta en estudios seleccionados no equivale a que la técnica haya demostrado reducir la mortalidad por cáncer de mama cuando se usa como cribado poblacional.
Si se pretende aplicar la termografía en población general asintomática (donde la prevalencia real del cáncer de mama es de aprox. 5 casos por cada 1.000 mujeres): La sensibilidad del 88.5% supondría que de las 5 mujeres enfermas, detectará a unas 4.
Sobre la especificidad del 71.8% indicará que de las 995 mujeres totalmente sanas, la prueba dará positivo por error en el 28.2% de ellas.
El valor predictivo positivo (VPP) es del 1,4%, consecuencia clínica: menos de 2 de cada 100 mujeres que den positivo en un termograma tendrían realmente cáncer.
En resumen, la termografía es una herramienta coadyuvante cuando la paciente está enferma por su alta sensibilidad pero en el cribado no puede sustituir a la mamografía como técnica principal de diagnóstico del cáncer de mama.

Figura 2: Resultados estadísticos de varios métodos de diagnóstico comparados con la biopsia como estándar de oro (VPP: valor predictivo positivo, NNP: valor predictivo negativo). Adaptado de Hashemi et al. 2019.
A pesar de los pros y los contras de esta tecnología, como señalaron Hashemi y colaboradores (2019): “...la termografía infrarroja también se puede recomendar para su uso como una herramienta complementaria junto con otros métodos de imagen conocidos para la detección temprana del cáncer de mama...” y como prueba complementaria a un examen clínico de mama (Omranipour R. et al.2016).
En conclusión, a pesar de los avances técnicos en termografía, actualmente ésta no puede sustituir a la mamografía como la principal técnica para el diagnóstico de cáncer de mama (Omranipour R. et al. 2016).
La evidencia más actual sugiere que podría tener un papel complementario, especialmente si se estandarizan los protocolos y se valida clínicamente el uso de inteligencia artificial, pero todavía no existe evidencia suficiente para recomendarla como método autónomo de detección precoz.

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