En la publicación de hoy exploramos la relación entre la termografía infrarroja y la intensidad del dolor lumbar. Analizamos la evidencia científica que demuestra cómo las diferencias térmicas en la planta del pie pueden estar vinculadas con la regulación autonómica y la percepción del dolor. Descubriremos cómo esta herramienta no invasiva puede aportar información valiosa en la evaluación y seguimiento del dolor lumbar, permitiendo una mejor comprensión de su origen y posible tratamiento
El dolor lumbar crónico (LBP, por sus siglas en inglés) es una de las condiciones musculoesqueléticas más comunes en la población adulta, afectando significativamente la calidad de vida y la funcionalidad de quienes lo padecen. Aunque las técnicas de imagen convencionales, como la resonancia magnética (RM) o la tomografía computarizada (TC), permiten evaluar alteraciones estructurales, no siempre explican la intensidad del dolor ni sus variaciones individuales.
En este contexto, la termografía infrarroja (IRT) ha emergido como una herramienta complementaria para evaluar disfunciones del sistema nervioso autónomo y patrones térmicos asociados con diversas patologías. A través de la medición de la temperatura cutánea, la termografía permite identificar alteraciones en la circulación y la actividad simpática, ofreciendo una visión funcional del problema.
Un estudio de Zaproudina et al. (2006) exploró la relación entre la temperatura de la superficie plantar y la intensidad del dolor lumbar, destacando el potencial de la termografía como un indicador fisiológico de esta afección. Sus hallazgos abren nuevas posibilidades para una evaluación más objetiva del dolor lumbar crónico y su impacto en la función neuromuscular.
La termografía infrarroja es una técnica no invasiva y libre de radiación que permite detectar alteraciones térmicas en la piel, reflejando cambios en la regulación del sistema nervioso simpático y posibles desequilibrios vasculares. En el contexto del dolor lumbar, esta tecnología ofrece una forma objetiva de evaluar anomalías térmicas asociadas con la disfunción autonómica y la circulación periférica.
El estudio de Zaproudina et al. (2006) investigó si los cambios de temperatura en la superficie plantar podían estar relacionados con la intensidad del dolor lumbar y las respuestas vasomotoras en pacientes con esta afección. Dado que la temperatura cutánea está influenciada por el flujo sanguíneo y la actividad del sistema nervioso autónomo, su medición puede proporcionar información relevante sobre la fisiopatología del dolor lumbar y su posible origen.
Los investigadores analizaron a 65 pacientes con dolor lumbar crónico (LBP) unilateral y 20 sujetos sin antecedentes de dolor lumbar. Se tomaron imágenes térmicas de la zona lumbar y de las extremidades inferiores, incluyendo la superficie plantar, para evaluar posibles diferencias térmicas entre los dos lados del cuerpo.
La medición se realizó bajo condiciones controladas, asegurando que los sujetos estuvieran adecuadamente aclimatados antes de la toma de imágenes térmicas. Esto garantizó que las variaciones térmicas detectadas fueran atribuibles al estado clínico de los pacientes y no a factores externos.
Los hallazgos indicaron una relación significativa entre la temperatura plantar y la intensidad del dolor lumbar. Se observó que los pacientes con mayor dolor presentaban diferencias térmicas más pronunciadas entre ambos pies, lo que sugiere un posible desbalance en la regulación autonómica.
Estos resultados sugieren que la termografía plantar podría ser un indicador útil para evaluar la severidad del dolor lumbar y alteraciones en la regulación autonómica. Su uso en la práctica clínica podría ayudar a identificar casos en los que el dolor esté influenciado por factores neurovasculares y no solo por daño estructural.
Los resultados obtenidos por Zaproudina et al. (2006) resaltan el potencial de la termografía plantar en el análisis del dolor lumbar. Destacando:
La monitorización de la temperatura plantar mediante termografía infrarroja se presenta como una herramienta para:
Zaproudina, N., Ming, Z., & Hänninen, O. O. (2006). Plantar infrared thermography measurements and low back pain intensity. Journal of Manipulative and Physiological Therapeutics, 29(3), 219-223.
Uematsu, S., Jankel, W. R., Edwin, D. H., Kim, W., Kozikowski, J., Rosenbaum, A., & Long, D. M. (1988). Quantification of thermal asymmetry: part 2: application in low-back pain and sciatica. Journal of neurosurgery, 69(4), 556-561.
Alfieri, F. M., Lima, A. R. S., & Battistella, L. R. (2019). Superficial temperature and pain tolerance in patients with chronic low back pain. Journal of bodywork and movement therapies, 23(3), 583-587.
Roy, R. A., Boucher, J. P., & Comtois, A. S. (2013). Comparison of paraspinal cutaneous temperature measurements between subjects with and without chronic low back pain. Journal of manipulative and physiological therapeutics, 36(1), 44-50.