

El rendimiento deportivo no depende solo de la fuerza o la resistencia, sino también de la capacidad del cuerpo para regular la temperatura durante el esfuerzo.
En este contexto, la termografía infrarroja se ha consolidado como una herramienta no invasiva para observar estos procesos fisiológicos en tiempo real. Más allá de la temperatura de la piel (Tsk), esta tecnología permite identificar patrones térmicos únicos llamados perforasomes, conocidos en español como patrón dálmata.
Un artículo publicado en el European Journal of Applied Physiology analizó cómo estos patrones térmicos se activan en ciclistas y su relación con parámetros fisiológicos clave como el lactato, la frecuencia cardíaca y el consumo de oxígeno (VO₂).
21 ciclistas realizaron un test incremental en cicloergómetro hasta el agotamiento, seguido de 15 minutos de recuperación pasiva. Se monitorizaron lactato, frecuencia cardíaca, VO₂, gasto energético y percepción subjetiva del esfuerzo. La termografía recogió la evolución de la temperatura cutánea (Tsk) y del índice de contraste térmico (TCI), que cuantifica la diferencia entre las zonas más calientes y frías dentro de un área de interés del muslo.
El Índice de Contraste Térmico (TCI, por sus siglas en inglés Thermal Contrast Index) es un parámetro desarrollado para cuantificar la heterogeneidad térmica dentro de una región anatómica observada mediante termografía infrarroja. En lugar de medir únicamente la temperatura media de la piel, el TCI calcula la diferencia entre las zonas más calientes y más frías dentro de un área de interés (por ejemplo, el muslo). De esta forma, el TCI refleja cómo el cuerpo redistribuye el flujo sanguíneo y el calor durante el ejercicio o la recuperación. Un TCI alto indica una mayor variabilidad térmica, es decir, que algunos territorios vasculares están más activos que otros, mientras que un TCI bajo sugiere una distribución más homogénea del calor.
En el contexto del rendimiento deportivo, este índice se interpreta como un indicador indirecto de la carga interna cardiovascular y metabólica, ya que está estrechamente relacionado con la activación de los perforasomes (territorios vasculares responsables de la disipación de calor muscular).
El patrón dálmata refleja la activación de territorios vasculares (perforasomes) que facilitan la disipación de calor desde los músculos hacia la piel. Su aparición y cuantificación a través del TCI permiten identificar con mayor precisión los cambios fisiológicos inducidos por el ejercicio.
El patrón dálmata refleja la activación de territorios vasculares (perforasomes) que facilitan la disipación del calor desde los músculos hacia la piel. Su aparición y cuantificación mediante el TCI permite identificar con mayor precisión los cambios fisiológicos inducidos por el ejercicio.
Este estudio demuestra que el patrón dálmata, medido mediante termografía infrarroja, ofrece una lectura más precisa de la respuesta del organismo al esfuerzo que la Tsk por sí sola. El TCI no solo acompaña la intensidad del ejercicio, sino que también se vincula de forma robusta con los parámetros cardiovasculares y metabólicos. Por tanto, la termografía se posiciona como una herramienta clave para la investigación y la monitorización del rendimiento deportivo, abriendo nuevas posibilidades en:
Masur, L., Willenbockel, H. F., Cordes, T., Sperlich, B., & Düking, P. (2025). Detection of activated perforasome patterns and the correlation with acute internal load parameters during and following incremental cycling. European Journal of Applied Physiology, 1-12.