Deporte

Termografía y ciclismo: cómo vestirse para entrenar en frío.

Victor Escamilla

2/25/2026

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2/25/2026
Termografía y ciclismo: cómo vestirse para entrenar en frío.
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La termorregulación durante el ejercicio en ambientes hostiles representa uno de los desafíos fisiológicos más complejos para el atleta de alto rendimiento. A menudo, la atención se centra exclusivamente en la preservación de la homeostasis central, asumiendo que el rendimiento solo se ve comprometido cuando la temperatura interna sufre variaciones significativas.

Sin embargo, una investigación reciente publicada en el Journal of Applied Physiology aporta una perspectiva técnica fundamental al diseccionar cómo diferentes niveles de estrés por frío condicionan la capacidad física, incluso antes de que el núcleo corporal se vea afectado. 

A través de un protocolo de ejercicio constante hasta el agotamiento, los investigadores observaron que el simple descenso de la temperatura cutánea provoca una disminución del rendimiento del 31% en comparación con condiciones termoneutras. Este hallazgo es particularmente disruptivo para las ciencias del deporte, ya que este déficit ocurre manteniendo una temperatura interna estable, lo que sugiere que los termorreceptores periféricos y la vasoconstricción cutánea inducen un aumento en la percepción del esfuerzo y una alteración en la eficiencia neuromuscular de manera independiente a la temperatura central. Cuando el estrés térmico se intensifica y logra reducir la temperatura interna en 1°C, el descenso del rendimiento alcanza un crítico 72%.

Desde la perspectiva de la termografía infrarroja, estos datos validan la importancia de monitorizar la temperatura superficial como un criterio de rendimiento en ambientes fríos ya que conservar la piel caliente mejorará el rendimiento. La termografía permite cuantificar de forma no invasiva la perfusión local y las variaciones térmicas en las regiones de interés (ROI) más vulnerables. La detección de una caída significativa en la temperatura de la piel en áreas críticas como las extremidades permite anticipar ese primer umbral de pérdida de rendimiento del 31%, permitiendo al profesional ajustar las estrategias de vestimenta técnica y capas de protección antes de que el compromiso térmico afecte al núcleo central del atleta.

En conclusión, la protección térmica de las extremidades y la preservación de una temperatura cutánea óptima no son meras cuestiones de confort, sino factores determinantes para la integridad del rendimiento deportivo. La implementación de la termografía infrarroja como herramienta de control en calentamientos podría permitir una gestión precisa del estrés por frío, transformando la temperatura superficial en un indicador predictivo capaz de informar sobre la capacidad de resistencia del deportista.