

El rol del sports science en el fútbol de élite ha evolucionado de manera drástica en los últimos años, viéndose obligado a integrar un volumen masivo de datos provenientes de múltiples herramientas de monitorización. En este escenario de saturación tecnológica, acuñado como Sport Science 2.0, con frecuencia se prioriza la cantidad de datos sobre la relevancia biológica, generando confusión en la terminología y en la aplicación práctica de las herramientas.
Para contrarrestar esta problemática, el marco del Sport Science 3.0 propone un retorno al pensamiento guiado por la fisiología y la estructura conceptual. En este contexto, la termografía infrarroja emerge como una metodología clave dentro del modelo de monitorización propuesto por Martin Buchheit y Karim Hader.
Una de las premisas fundamentales del nuevo modelo de Buchheit es la necesidad de utilizar un vocabulario apropiado y clínicamente preciso. El marco conceptual divide la monitorización en una matriz de dos ejes biológicos principales (metabólico y neuromuscular) cruzados con dos dimensiones temporales y funcionales: la carga (el estímulo o dosis de trabajo impuesto) y la respuesta/adaptación (la reacción biológica o efecto de dicha dosis).
De acuerdo con este esquema, comúnmente se comete el error de evaluar herramientas globales sin entender su función específica. En el caso de la termografía, Buchheit remarca de forma explícita que no es la carga lo que medimos, sino la respuesta y adaptación del tejido. Por lo tanto, la tecnología se encuadra formalmente dentro del cuadrante de Respuesta y Adaptación Neuromuscular Interna. Mientras que herramientas como el GPS miden la carga externa (en metros), la termografía evalúa la respuesta del tejido y su comportamiento fisiológico tras el esfuerzo.
En la clasificación detallada de las herramientas disponibles para el ecosistema del fútbol profesional, la termografía se define bajo los siguientes criterios técnicos y económicos:
El análisis de Buchheit subraya que el cuadrante neuromuscular de la carga suele ser uno de los puntos más débiles de los sistemas de control actuales debido a la excesiva dependencia de los datos indirectos del GPS. Frente a esto, la monitorización de la respuesta es el área más robusta y con mayor margen de optimización.
Para aquellos clubes que disponen de los recursos necesarios, la incorporación de variables biológicas internas como la termografía aporta un beneficio para respaldar la toma de decisiones del cuerpo técnico y médico.
Al comprender con precisión cómo responde el futbolista a la carga impuesta, el sistema de monitorización cumple su verdadero objetivo: ajustar las cargas de trabajo de forma individualizada, maximizar el rendimiento y mitigar el riesgo de lesión neuromuscular.
Bibliografía
Buchheit M & Hader K. Data everywhere, insight nowhere: a practical quadrant-based model for monitoring training load vs. response in elite football. Sport Performance & Science Report, 258, May 2025.