

El estudio de la microcirculación periférica y de la temperatura de la piel se ha consolidado como un pilar fundamental en la evaluación de la carga interna y los procesos de recuperación en las ciencias del deporte. Tras el cese de la actividad física, el organismo experimenta una redistribución del flujo sanguíneo y una vasodilatación prolongada que pueden extenderse durante varias horas. Comprender estos mecanismos es clave para interpretar correctamente las adaptaciones fisiológicas y optimizar las estrategias de recuperación de los atletas.
Un reciente estudio publicado en la revista científica Frontiers in Physiology (Priego-Quesada et al., 2026) ha analizado la respuesta de la perfusión cutánea en las extremidades inferiores cinco horas después de una carrera aeróbica en condiciones de estrés térmico, combinando el uso de la Imágen de Perfusión Laser Doppler (LDPI) y la termografía infrarroja (IRT). Los hallazgos ofrecen una perspectiva de gran utilidad práctica para la monitorización fisiológica no invasiva.
La evaluación de la perfusión sanguínea cutánea (skin perfusion) ha estado históricamente limitada por factores metodológicos. Técnicas clásicas como la flujometría Laser Doppler de contacto (LDF) ofrecen un volumen de muestreo excesivamente reducido (generalmente inferior a 1 mm³), comprometiendo la representatividad espacial de los datos. Para solventar este problema, la tecnología LDPI permite escanear de forma bidimensional y sin contacto áreas tisulares más amplias, transformando los cambios de frecuencia de los eritrocitos en movimiento en mapas de color cuantificables.
Sin embargo, el principal inconveniente de los sistemas LDPI es el tiempo de escaneo requerido para cada región de interés (ROI). En el contexto del alto rendimiento y la investigación clínica, reducir los tiempos de evaluación es prioritario. Por este motivo, el equipo de investigación liderado por el Dr. Jose I. Priego-Quesada se propuso evaluar la respuesta circulatoria e identificar qué regiones anatómicas de los miembros inferiores reflejan con mayor precisión el impacto fisiológico prolongado del ejercicio.

La investigación evaluó a un total de 22 voluntarios divididos de manera homogénea en un grupo de ejercicio (EG) —que completó una carrera continua de 50 minutos a intensidad moderada en un ambiente exterior de entre 28°C y 31°C— y un grupo control (CG) que permaneció en reposo.
Las evaluaciones se realizaron en dos momentos temporales bien definidos: en condiciones basales (Pre) y exactamente 5 horas después del ejercicio (Post). El intervalo de cinco horas se seleccionó para aislar las respuestas fisiológicas prolongadas y evitar el solapamiento con las respuestas termorreguladoras agudas inmediatas. Además de la perfusión tisular (moorLDI2) y la temperatura cutánea (Flir E54), se monitorizó de forma continua la frecuencia cardíaca, la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC) y la temperatura central estimada mediante sensores de flujo de calor corporal.
Los análisis estadísticos revelaron variaciones significativas entre el grupo de ejercicio y el grupo control en áreas anatómicas específicas:

La notable respuesta registrada en el muslo anterior se explica por la elevada demanda metabólica y la activación mecánica del complejo muscular del cuádriceps femoral durante la carrera biomecánica. Este esfuerzo genera una producción de calor metabólico que exige una vasodilatación compensatoria.
Al evaluarse cinco horas después de la actividad, esta respuesta no responde a una necesidad termorreguladora inmediata, sino a procesos adaptativos secundarios como la vasodilatación sostenida dependiente del endotelio, procesos microinflamatorios locales de reparación tisular y un incremento prolongado en la disponibilidad de óxido nítrico en la microvasculatura.
Desde una perspectiva aplicada a la práctica profesional con termografía infrarroja en el deporte, estos hallazgos tienen dos implicaciones fundamentales:
La combinación de tecnologías ópticas y térmicas confirma que el estrés generado por el ejercicio aeróbico en ambientes cálidos provoca alteraciones microcirculatorias medibles incluso varias horas después de haber concluido la actividad. El muslo anterior se consolida como la ventana anatómica idónea para la monitorización de esta respuesta fisiológica, permitiendo a los profesionales un control más preciso y eficiente de los estados de recuperación tisular.