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Termografía y flujo sanguíneo post-ejercicio: ¿Cuál es la mejor zona para medir la recuperación?

Oriol Pujols

21/8/2026

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21/8/2026
Termografía y flujo sanguíneo post-ejercicio: ¿Cuál es la mejor zona para medir la recuperación?
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El estudio de la microcirculación periférica y de la temperatura de la piel se ha consolidado como un pilar fundamental en la evaluación de la carga interna y los procesos de recuperación en las ciencias del deporte. Tras el cese de la actividad física, el organismo experimenta una redistribución del flujo sanguíneo y una vasodilatación prolongada que pueden extenderse durante varias horas. Comprender estos mecanismos es clave para interpretar correctamente las adaptaciones fisiológicas y optimizar las estrategias de recuperación de los atletas.

Un reciente estudio publicado en la revista científica Frontiers in Physiology (Priego-Quesada et al., 2026) ha analizado la respuesta de la perfusión cutánea en las extremidades inferiores cinco horas después de una carrera aeróbica en condiciones de estrés térmico, combinando el uso de la Imágen de Perfusión Laser Doppler (LDPI) y la termografía infrarroja (IRT). Los hallazgos ofrecen una perspectiva de gran utilidad práctica para la monitorización fisiológica no invasiva.

El desafío metodológico de la perfusión periférica

La evaluación de la perfusión sanguínea cutánea (skin perfusion) ha estado históricamente limitada por factores metodológicos. Técnicas clásicas como la flujometría Laser Doppler de contacto (LDF) ofrecen un volumen de muestreo excesivamente reducido (generalmente inferior a 1 mm³), comprometiendo la representatividad espacial de los datos. Para solventar este problema, la tecnología LDPI permite escanear de forma bidimensional y sin contacto áreas tisulares más amplias, transformando los cambios de frecuencia de los eritrocitos en movimiento en mapas de color cuantificables.

Sin embargo, el principal inconveniente de los sistemas LDPI es el tiempo de escaneo requerido para cada región de interés (ROI). En el contexto del alto rendimiento y la investigación clínica, reducir los tiempos de evaluación es prioritario. Por este motivo, el equipo de investigación liderado por el Dr. Jose I. Priego-Quesada se propuso evaluar la respuesta circulatoria e identificar qué regiones anatómicas de los miembros inferiores reflejan con mayor precisión el impacto fisiológico prolongado del ejercicio.

regions of interest

Diseño experimental y variables analizadas

La investigación evaluó a un total de 22 voluntarios divididos de manera homogénea en un grupo de ejercicio (EG) —que completó una carrera continua de 50 minutos a intensidad moderada en un ambiente exterior de entre 28°C y 31°C— y un grupo control (CG) que permaneció en reposo.

Las evaluaciones se realizaron en dos momentos temporales bien definidos: en condiciones basales (Pre) y exactamente 5 horas después del ejercicio (Post). El intervalo de cinco horas se seleccionó para aislar las respuestas fisiológicas prolongadas y evitar el solapamiento con las respuestas termorreguladoras agudas inmediatas. Además de la perfusión tisular (moorLDI2) y la temperatura cutánea (Flir E54), se monitorizó de forma continua la frecuencia cardíaca, la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC) y la temperatura central estimada mediante sensores de flujo de calor corporal.

Resultados: El muslo anterior como indicador preferente

Los análisis estadísticos revelaron variaciones significativas entre el grupo de ejercicio y el grupo control en áreas anatómicas específicas:

  • Incremento selectivo en el muslo anterior: El grupo de ejercicio presentó un aumento de la perfusión cutánea significativamente mayor en comparación con el grupo control en el muslo anterior (tamaño del efecto grande, ES = 1.0), la pierna anterior (ES = 0.3) y el muslo posterior (ES = 0.5).
  • El comportamiento de la región posterior de la pierna: La pantorrilla mostró incrementos elevados de perfusión en ambos grupos, sin diferencias significativas entre ellos. Esto sugiere que dicha zona es altamente sensible a los ritmos circadianos locales y a la disipación térmica general, pero resulta menos específica para discriminar el impacto directo de la carga de entrenamiento.
  • Modelo predictivo del estrés térmico: El análisis de regresión lineal múltiple demostró que los mayores incrementos de perfusión sanguínea cutánea están asociados directamente con tres factores específicos: una temperatura central máxima más elevada durante el ejercicio, mayores fluctuaciones de la temperatura central en reposo y variaciones concomitantes en la temperatura de la piel.

skin perfusion

Mecanismos fisiológicos y aplicaciones prácticas

La notable respuesta registrada en el muslo anterior se explica por la elevada demanda metabólica y la activación mecánica del complejo muscular del cuádriceps femoral durante la carrera biomecánica. Este esfuerzo genera una producción de calor metabólico que exige una vasodilatación compensatoria.

Al evaluarse cinco horas después de la actividad, esta respuesta no responde a una necesidad termorreguladora inmediata, sino a procesos adaptativos secundarios como la vasodilatación sostenida dependiente del endotelio, procesos microinflamatorios locales de reparación tisular y un incremento prolongado en la disponibilidad de óxido nítrico en la microvasculatura.

Desde una perspectiva aplicada a la práctica profesional con termografía infrarroja en el deporte, estos hallazgos tienen dos implicaciones fundamentales:

  1. Eficiencia en la toma de datos: Para optimizar los tiempos de exploración clínica o deportiva mediante sistemas de mapeo circulatorio o térmico, el muslo anterior debe considerarse la región prioritaria para monitorizar la fatiga acumulada post-carrera.
  2. Independencia de variables autonómicas generales: El estudio demostró que variables globales como la frecuencia cardíaca o los índices de VFC (RMSSD, HF) no correlacionan directamente con la perfusión local a las 5 horas. Esto refuerza la necesidad de utilizar herramientas de valoración local como el perfil térmico del deportista para capturar de manera precisa la situación metabólica periférica de los tejidos diana.

Conclusiones

La combinación de tecnologías ópticas y térmicas confirma que el estrés generado por el ejercicio aeróbico en ambientes cálidos provoca alteraciones microcirculatorias medibles incluso varias horas después de haber concluido la actividad. El muslo anterior se consolida como la ventana anatómica idónea para la monitorización de esta respuesta fisiológica, permitiendo a los profesionales un control más preciso y eficiente de los estados de recuperación tisular.

Bibliografía