

Contenido actualizado a 23-06-2026
La crioterapia se ha consolidado como uno de los métodos más utilizados en el fútbol profesional para optimizar los procesos de recuperación, especialmente cuando el daño muscular post-ejercicio es elevado. Sin embargo, para que los cuerpos técnicos puedan individualizar su uso, es clave contar con herramientas objetivas que monitoricen la respuesta fisiológica del deportista.
Por ello, Lubkowska et al. (2023) investigaron qué efectos tiene la crioestimulación de cuerpo entero (WBC) en la temperatura de la piel de jugadores de fútbol y cómo estos datos térmicos se relacionan con los marcadores analíticos de fatiga.
De acuerdo con los consensos científicos actuales sobre recuperación periodizada (como los desarrollados a partir de Thorpe, 2021), la aplicación de frío o calor no debe ser genérica, sino que debe responder a criterios específicos según el tipo de fatiga generada (metabólica, neuromuscular o daño estructural). El estudio analizó el efecto de un protocolo de crioterapia tras una competición real, aunque como ventana de mejora metodológica se destaca la ausencia de un grupo de control para contrastar si los sujetos no expuestos al frío habrían presentado cinéticas de recuperación diferentes.
La investigación analizó a 14 jugadores de fútbol tras un partido competitivo en el que habían participado, de media, unos 73,84 minutos. Antes de introducirlos en el protocolo de crioterapia, se realizó un registro térmico superficial de la piel y una analítica serológica basal. El procedimiento consistió en una exposición de 3 minutos a menos 140ºC dentro de una cabina portable de crioterapia.

Figura 1. Ejemplo de recogida de datos térmicos superficiales antes y después de un protocolo con crioterapia.
Inmediatamente después de la sesión, se volvieron a capturar los datos térmicos de los jugadores. Por su parte, el seguimiento serológico no se realizó de manera inmediata, sino que se programó a las 24, 48 y 72 horas posteriores a la intervención para evaluar la evolución a medio plazo de los biomarcadores sanguíneos.
Los resultados de la exposición a la crioterapia mostraron una reducción simétrica de la temperatura de la piel en todas las regiones expuestas. Además, los autores señalaron diferencias claras según la proximidad al núcleo corporal: la temperatura disminuyó menos en las zonas centrales (como el pecho: Delta= -6,8±1,42ºC) y cayó de forma más drástica en las regiones distales como los brazos (Delta= -7,35±2,22ºC; -7,38±1,95ºC) y las piernas (Delta= -10,14±1,74ºC; -9,96±1,49ºC).
Un aspecto de alto valor para los cuerpos técnicos es cómo se cruzaron estos datos térmicos con las variables antropométricas e individuales de los futbolistas:

Figura 2. Evolución de los marcadores de fatiga después del protocolo de crioterapia.
Por último, las concentraciones serológicas de Creatina Quinasa (CK), Lactato Deshidrogenasa (LDH) y Aspartato Transaminasa (AST) —indicadores habitualmente vinculados al daño muscular y la fatiga estructural— se elevaron significativamente a las 24 horas de la competición, pero regresaron a sus valores basales a las 72 horas tras el protocolo de crioterapia.
Un protocolo de crioterapia que genere un descenso térmico cutáneo controlado contribuye a la normalización de las variables sanguíneas relacionadas con el daño muscular en las 72 horas posteriores al esfuerzo. No obstante, la respuesta al frío es altamente individual y factores como la composición corporal modifican directamente el comportamiento térmico periférico de cada atleta.
Es fundamental recalcar que la termografía infrarroja no es una herramienta de diagnóstico médico ni sustituye el criterio clínico de los profesionales de la salud. Su verdadero valor reside en ser un elemento de soporte complementario para los preparadores físicos, readaptadores y servicios médicos.
Al integrarse de forma holística junto con otros sistemas de valoración (como la analítica sanguínea, los datos de carga externa por GPS o los cuestionarios de wellness), la termografía permite objetivar la simetría térmica del deportista. En los procesos de post-competición (MD+1 y MD+2), asegurar que el estímulo térmico sea simétrico y equilibrado entre ambas extremidades es un indicador clave (KPI) para comprobar que la asimilación de las estrategias de recuperación transcurre de manera homogénea
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