

En el ámbito del deporte, de la salud, fisioterapia o la medicina del ejercicio, las terapias térmicas —como la crioterapia y la inmersión en agua caliente— son estrategias comunes para el manejo del daño muscular. Sin embargo, su efectividad real sobre los procesos de recuperación y regeneración muscular sigue siendo objeto de debate.
Un estudio, publicado en The Journal of Physiology y liderado por Dablainville y Racinais, ha arrojado nueva luz sobre este tema: la inmersión en agua caliente mejora significativamente la regeneración muscular tras una lesión simulada, mientras que el uso de agua fría no muestra efectos positivos relevantes. En esta entrada comentamos los detalles de esta investigación y algunos puntos clave.
El estudio incluyó a 34 hombres sanos sometidos a un protocolo de daño muscular inducido mediante contracciones excéntricas eléctricas en el cuádriceps, lo que provocó necrosis de las fibras musculares. A partir de ahí, los participantes fueron asignados a una de tres condiciones de intervención durante 10 días:
Se evaluaron variables de dolor, fuerza muscular, marcadores sanguíneos de daño, temperatura muscular y diferentes proteínas implicadas en los procesos inflamatorios y regenerativos.
Todas las condiciones mostraron una reducción esperada de la fuerza tras el daño muscular. Aunque la inmersión en agua caliente presentó una ligera mejora en la recuperación de fuerza a los 4 días, las diferencias entre grupos no alcanzaron significación estadística.
Es decir, ninguna intervención térmica modificó la recuperación de fuerza a corto plazo de manera concluyente.
Parece que los resultados de este estudio respaldan el uso de inmersión en agua caliente como estrategia terapéutica para acelerar la recuperación postlesión, particularmente en contextos donde el control de la inflamación, el dolor y el entorno molecular son clave.
Por el contrario, la crioterapia —pese a su uso extendido— no aportó mejoras objetivas en los procesos regenerativos, ni en los síntomas clínicos evaluados. Esto invita a replantear su uso rutinario, especialmente en protocolos de rehabilitación más allá de la fase aguda. Además, es importante mencionar que el estudio simula una lesión muscular, por lo que su aplicación práctica real debe estar a la espera de más resultados que lo respalden, especialmente en lesiones reales. Aquí un ejemplo de lesión del tendón.
En el contexto de una lesión muscular simulada, la inmersión diaria en agua caliente durante 10 días:
Por el contrario, la inmersión en agua fría no mostró efectos positivos sobre ninguno de estos indicadores.
Estos hallazgos refuerzan la idea de que el calor podría ser una herramienta útil en el proceso de recuperación muscular, mientras que la crioterapia debe aplicarse con mayor criterio y no asumirse como una solución universal.