

La temperatura de la piel medida mediante termografía infrarroja (IRT) reflejan un estado de equilibrio dinámico, en el que estructuras como el sistema vascular por medio de la perfusión sanguínea periférica tienen gran protagonismo.
Estos sistemas se ven alterados por las actividades de la vida diaria y del entorno laboral. En prevención de riesgos laborales la termografía es un herramienta con un largo recorrido de uso, ya que sus principales campos de aplicación han permitido evaluar las tareas más comunes que se dan en un puesto de trabajo y las consecuencias físicas que tiene el uso prolongado de herramientas de trabajo (cómo por ejemplo instrumentos que generan vibración o herramientas de construcción) o el mantener posturas y su ergonomía en las bajas laborales, un factor acuciante para las empresas y aseguradoras.
Una nueva investigación ha tratado de esclarecer cuales son las principales ventajas del uso de la termografía aplicada a la salud ocupacional y el uso riguroso de sus métricas, para nosotros ha sido un punto de reflexión en la transferencia que tiene ese uso en el deporte.
El trabajo de Ribeiro et al. (2026) define las bases metodológicas para convertir la respuesta térmica en una herramienta objetiva de decisión. Su utilidad clínica e investigadora se apoya en el uso de tres métricas científicamente validadas que permiten analizar el movimiento humano (en este caso en el trabajo):
En salud ocupacional, estas variables resuelven problemas prácticos de sobrecarga física. La IRT funciona como una herramienta de cribado y monitorización longitudinal ante tareas repetitivas o posturas estáticas prolongadas:
La termografía multiplica su valor cuando se integra con otras tecnologías como la ecografía, donde La IRT actúa como un mapa térmico superficial rápido que orienta la colocación de la sonda hacia las zonas de mayor alteración metabólica o vascular, permitiendo al ultrasonido analizar la estructura profunda y el tejido específico.
Con electromiografía (EMG) y dinamometría: Mientras la EMG y la dinamometría evalúan la fatiga neuromuscular y el rendimiento mecánico, la termografía aporta la respuesta vascular y autonómica subyacente del mismo segmento corporal.
La transferencia directa al deporte.
Las demandas físicas de un trabajador industrial y las de un atleta de élite comparten una base fisiológica común: fatiga periférica, estrés mecánico, adaptación tisular y patrones de movimientos repetidos propios de la tarea o el deporte (véase la epidemiología lesional como un mapa de las regiones que corren más riesgo en ese deporte).
Por ello, las descripciones anteriores se transfieren de forma directa al alto rendimiento. La termografía va a poder:
La termografía no debe interpretarse como un test infalible para la detección de posibles lesiones. Su verdadero papel es sumar una capa de información fisiológica objetiva junto a la sintomatología clínica, la monitorización de carga, los tests de fuerza y el diagnóstico por imagen, para informar sobre el estado del deportista.
Para que esta lectura sea fiable, la estandarización debe ser estricta: entorno ambiental controlado, posicionamiento reproducible de la cámara, definición precisa de las ROI y momentos de evaluación consistentes.
Una alerta térmica por sí sola puede no ser útil pero puede ayudarnos a profundizar en un cambio en la tendencia de nuestros deportistas y actuar a tiempo frente a posibles pérdidas de rendimiento posteriores.
Referencia:
Ribeiro, J. A. S., et al. (2026). Standardizing infrared thermography for occupational applications: a scoping review. Exploration of Musculoskeletal Diseases. https://www.explorationpub.com/Journals/emd/Article/1007122